martes, 18 de octubre de 2016

日本に帰ります (Vuelvo a Japón)


Hoy es algo más corriente, pero hace veinte años era curioso que alguien eligiera Japón para irse de vacaciones, y ya no te digo si lo hacía dos veces seguidas. Primero porque Japón está muy lejos (como decía No Me Pises que Llevo Chanclas), y segundo porque es muy caro. Sin embargo, ése fue mi caso y el de mi hermano que durante dos años elegimos ese país para nuestro viaje anual.




Hoy se reanudan los viajes directos entre Madrid y Tokyo con Iberia, y este hecho me ha hecho recordar esos viajes. Siempre cuento que la primera vez que llegamos a Tokyo con el jet-lag a cuestas, un mapa muy, muy esquemático de la localización del hotel y la ignorancia de cómo se organizan las direcciones en Japón, en definitiva, más perdidos que un pulpo en un garaje, yo tenía una inconfundible sensación de "Okaeri...", bienvenido a casa.Vamos, que si me hubieran dicho que me iba a quedar a vivir allí para siempre hubiera pegado saltos de alegría gritando "YATTA!".


Hay lugares que resuenan en ti y otros que no. Hay sitios que tiran de uno sin que tengas referencias visibles. Japón tira de mí con un lazo (rojo) invisible pero no por ello menos real. Durante aquellos días recorrimos ese país con esa sencación de "estoy en casa" permanente. Visitamos muchos sitios y dejamos otros muchos sin ver, pensando que en breve volveríamos.


Un error, claro: lo que puedas hacer para hoy, etc. Aún así subimos a la Torre de Tokyo, estuvimos en una ceremonia del té (y nos desesperamos con unos gringos que eran incapaces siquiera de descalzarse correctamente), vimos el monte Fuji en todo su esplendor, tomamos el shinkasen varias veces (y aprendimos que hay que reservar asiento aunque lleves plaza), entramos en el castillo de Osaka tarareando "cuando la infantería española pasa, tiembla la tierra", nos perdimos (literalmente) por las calles de Kyoto y comimos okonomiyaki en un restaurante pequeñito al lado del hotel, y, por fin, alcanzamos el Kôshien (めざせ甲子園!). Hicimos muchas cosas y se nos quedaron otras tantas en la agenda, pendientes de la próxima vez....


Han pasado veinte años de esos viajes. Hoy volvemos a abrir una vía directa entre dos paises que, inexplicablemente, se atraen. Queda por ver si el lazo que se creó hace 400 años sigue igual de vigente. Espero poder contarlo en breve.

jueves, 11 de agosto de 2016

La Torre Maldita

A pesar de encontrarse en un entorno privilegiado, dominando la bahía de Almería y al pie del aeropuerto, la Torre del Perdigal es modesta. Una modesta atalaya de observación del siglo XVI que ha visto el tiempo pasar, las idas y venidas de gentes, barcos y aviones, el cambio de estaciones y hasta de Edad. No es el tipo de monumento que sale en los libros de historia. Tampoco tiene una leyenda trágica sobre doncellas que se quitan la vida saltando desde lo alto. Apenas aparece en los catálogos y los vecinos de Costacabana, la barriada almeriense donde se encuentra, no reparan en ella y si lo hacen es para esquivarla.


Sucede que la Torre del Perdigal, como corresponde a una construcción que tiene tantos siglos a sus espaldas, disfruta de una protección especial: fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) según Ley 16/1985 y está incluida en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz desde 1993. A pesar de todas estas protecciones, de estar a la vista de todos y de encontrarse en un lugar de fácil acceso, la Torre del Perdigal presenta actualmente este aspecto, interior y exterior.


Los alrededores, por supuesto, llenos de maleza y basura. Ni hablar, claro, de una simple placa explicando qué es este monumento. Qué más da, total sólo es una torre más de las varias que jalonan la costa almeriense. Total, si se es capaz de agujerear los muros de la Alcazaba para poner un andamio, cómo esperar que alguien se preocupe de esta modesta atalaya.

El caso es que esta modesta atalaya es casi lo primero que muchos turistas ven cuando se bajan del avión al llegar a Almería. Ven una torre del siglo XVI pintarrajeada que dice: bienvenidos a la tierra que no se preocupa de su patrimonio lo más mínimo.

Por supuesto, el responsable primero de esta dejadez es la Junta de Andalucía, en concreto la Consejería de Cultura, dado que es la administración que se ocupa del cuidado de los BIC en esta comunidad. Pero también la Administración del Estado, en este caso el Ministerio de Cultura, Educación y Deporte, y el Ayuntamiento de Almería serían responsables. Esta Torre la han visto así pintarrajeada desde el actual Alcalde, Ramón Fernández-Pacheco, pasando por el presidente de la Diputación, Gabriel Amat, hasta el mismísimo Presidente en Funciones, Mariano Rajoy. Desde el aeropuerto, esperando embarcar o desembarcando, ya digo que es imposible no verla. Todos la ven y nadie hace nada.

La Torre del Perdigal lleva ya unos cuantos meses pintarrajeada. Por mucho que los listados se empeñen en catalogarla como "en buen estado", sin duda a este ritmo terminará un día por derrumbarse y caer, esta vez sí, en el olvido absoluto. Y el caso es que es tan sencillo remediar este olvido: basta con que algún político, alguna administración, alguien se de cuenta de que existe y emplee unos mínimos recursos para que la Torre pueda seguir vigilando muchos años más la bahía.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Oh Jennifer

Por cosas de internet, hace cosa de 4 años descubrí una canción llamada "Jennifer", del grupo Els Catarres. La canción narraba la contradictoria y divertida historia de amor entre un furibundo nacionalista catalán (ahora llamados soberanistas) y una choni de Castefa (o sea, una chica no catalanoparlante que vivía en Castelldefels), con sus problemas para seguir juntos a pesar de las distancias ideológicas y de la incomprensión de la gente que les rodeaba. Inmediatamente mi mujer y yo la hicimos nuestra canción, ya que nuestro caso es vagamente parecido: soy un gato madrileño y ella una noia catalana. Como decía la canción, el amor es superior a todo el miedo y rencor. Si Jennifer y su chico eran capaces de vivir juntos a pesar de venir de sitios tan diferentes, nosotros también podemos hacerlo. Politono de nuestros móviles, por derecho.


El tiempo ha pasado y Els Catarres se han alineado abiertamente con el Partido de Mas (o sea, los independentistas de Junts Pel Sí). Es su opción, claro, aunque para un grupo musical posicionarse tan abiertamente en el espectro político, cuando se supone que la música supera todas las fronteras no deja de ser irónico. Al enterarme de esta noticia, no he podido evitar pensar qué fue de la Jennifer y de su noi.


Me respondían via Facebook que Jennifer se habría hecho independentista. Puede. Yo creo que, por supuesto, ella iba a las movidas esas catalanistas de la cadena o la V, pero más que nada por acompañar a su chico. Claro que le gustaría que hubiera más autovías, o aeropuertos, o menos peajes, o más trabajo en general en Cataluña, pero sinceramente Jennifer tenía otras preocupaciones más importantes en la cabeza. Le daba un poco de vergüenza cuando iba de vacaciones al pueblo de sus abuelos y su novio se ponía a despotricar y a meter pullas sobre lo bien que vivían ahí abajo. Ella la verdad es que sólo conocía gente que trabajaba de sol a sol, a veces sin mucha suerte la verdad, entre ellos sus padres que emigraron a Cataluña con la esperanza de un futuro mejor para ella y sus hermanos. También lo pasaba regular con su familia política. Aunque Jennifer habla el catalán perfectamente, no es su lengua materna y eso se nota cuando se acalora un poco, cosa que sucede casi cada vez que va a comer con sus suegros.

Y es que en los últimos años es casi imposible hablar sin que salga el Tema. Todas las comidas, cenas o desayunos derivan al instante hacia el referendum, la determinación de los pueblos, la intolerancia de Madrid, la esperanza del futuro, la salida (o no) de la Unión Europea y, en definitiva, la Independencia. Jennifer no es independentista, por más que le encante vivir en Cataluña y no quiera irse a vivir a ningún otro sitio del mundo. Esa tibieza (en opinión de su pareja) hace que el día a día resulte cada vez más incómodo. Parece que opinar diferente a él se ha convertido en traición: hacia el seu marit y hacia Catalunya.

Jennifer empieza estar un poco harta. Harta de que la presionen, del bombardeo mediático pro-soberanista, de no poder charlar de tonterías, de tener que posicionarse obligatoriamente, de no poder pensar en nada más que en la puñetera independencia... Jennifer se pregunta dónde está aquel chico tan gracioso, que bailaba tan mal y que dijo que no habría fuerza humana que les impidiera estar juntos. Dónde está el hombre del que me enamoré, se pregunta. Qué ha pasado para que cada mañana prefiramos no hablarnos para no discutir una y otra vez sobre lo mismo.

Lo último que quiere Jennifer es dejarle a él y a su casa de Castefa, pero hace poco un primo (de los que viven allí al Sur) le ha contado que hay una vacante de lo suyo en la empresa donde él trabaja, en la ciudad al lado del pueblo de sus abuelos. Jennifer se está pensando seriamente qué hacer con su vida, porque no quiere tener que vivir así el resto de su vida. No quiere vivir en un sitio donde tenga que estar justificándose a cada rato por ser quien es y por pensar como piensa.



jueves, 23 de abril de 2015

Un libro, un vino (10)

Efectivamente, ésta es la décima entrada que hago con este título. Para ver las nueve anteriores, aquí, en mi antiguo blog. Pero es que no podía dejar pasar la fecha de hoy, el Dia del Libro, sin hacer una pequeña mención literaria. Así que voy a reseñar el volumen que en estos días me acompaña, que no es otro que "Los Guerreros de Dios", de Andrej Sapkowski. El segundo libro de las guerras husitas, a cargo del escritor polaco, sigue en la línea de recreación milimétrica de un episodio poco conocido en España: la de una cruzada en pleno corazón de Europa allá por el siglo XV.

A Sapkowski ya lo conocía y disfrutaba por los libros de Geralt de Rivia, pero aquí, sin la maldición/bendición de tener un protagonista popular, puede plasmar a su gusto todo el horror, la ironía, las contradicciones, el fanatismo, los gustos culinarios y sexuales que en aquella época formaban el mosaico de la vida en el centro de Europa. Sapkowski, polaco como otro de mis autores preferidos, Stanislaw Lem, me ganó definitivamente para su causa durante una presentación en el FNAC de Madrid, cuando un impertinente le preguntó si él se consideraba un escritor juvenil o uno serio (la fantasía no es seria, lo sabe todo el mundo), respondió: soy un escritor por dinero. Y muy bueno, añado yo.


Para regar la comida de este día tan especial, he elegido un vino también muy especial para mi mujer y para mí. Se trata de la estrella de Bodegas Pirineos, Marboré 2006. Aparte de su calidad, es especial ya que fue en muchos aspectos, nuestro "primer vino". Fue el primer vino por el que fuimos a una cata, en una taberna en la calle Santa Engracia. Fue el primer vino que atesoramos en casa para sacarlo en ocasiones especiales. Fue el vino que me hizo darme cuenta de que existían más regiones vinícolas en España, más allá de la Rivera o la Rioja. Fue el vino que elegimos en una de las contadas ocasiones que salimos a cenar los dos solos, reencontrándolo como un viejo amigo. 


martes, 18 de noviembre de 2014

Colegiala

Ayer mi hijo de 8 años me vino con una de esas millones de preguntas con las que nos bombardea cada día: Papá, ¿qué es una colegiala? Con ese superpoder que tenemos los papis y las mamis de adivinar por dónde van los pensamientos de nuestros hijos (superpoder que a veces falla, como le pasó a esta madre), enseguida pensé que era una frase que aparecía en un episodio de su programa favorito de todos los tiempos, Humor Amarillo. En efecto, la frase se la gritaban los esbirros de Takeshi a algún concursante piltrafilla que no era capaz de realizar alguna prueba. Le expliqué que una colegiala es una chica que va al colegio, obvio.

Claro, que luego llega la segunda parte. "Colegiala" se usaba en este programa como sinónimo de debilucho o torpe. Es habitual. Es lo que dicen en inglés "fight like a girl". Es un prejuicio muy extendido. Es normal. Es una gran mierda. Le pregunté a mi hijo si alguna de sus compañeras de colegio eran torpes o débiles, con ejemplos concretos. Al revés, todas las compañeras de mi hijo son niñas listas, fuertes, hábiles y normalmente mucho más centradas en la vida que los niños, la gran mayoría sólo pendientes del futbol. 

Mi hijo entendió enseguida que lo de "colegiala" era una tontería más del programa. Pero por mucho que yo le diga, si nosotros no predicáramos con el ejemplo, él seguiría reproduciendo los estereotipos. Ya no sólo en el día a día, sino en el trabajo. Yo tengo a mujeres como mis dos jefas inmediatas en Iberia, donde trabajo normalmente con muchas más mujeres que con hombres. La discriminación laboral es algo que afortunadamente nunca he podido ver, aunque sé que no es lo habitual en España.

Espero que cuando mi hijo y su generación se incorporen a la vida laboral ese problema haya desaparecido completamente. Una manera de hacerlo es intentar que esos niños no sigan pensando que ser una colegiala es algo de lo que avergonzarse. Girls, keep fighting like a girl...


viernes, 17 de octubre de 2014

Prejuicio

Ayer me ocurrió una cosa que ya me había pasado anteriormente (y de la que hablé alguna vez en mi antiguo blog) con una serie de televisión. Mientras repasaba las novedades televisivas de EE.UU. para esta temporada, me llamó la atención un título que parecía traducido directamente por los autores de Speaking In Silver (del libro, no del blog): The Mysteries of Laura.


Sucede que esta series es la adaptación gringa de una serie que triunfó (supongo) en España. Los misterios de Laura, tal cual, fue una serie que tuvo tres temporadas aquí y cuyo formato fue vendido, bien por ellos, a la NBC. 

En España la serie estaba protagonizada por María Pujalte; en EE:UU. es Debra Messing la protagonista. Claro, a la Pujalte la tengo vista desde los lejanos tiempos de Periodistas y, como casi todos los actores españoles, pone siempre la misma cara, haga el personaje que haga (el caso Resines es el más emblemático de este fenómeno), por lo que desde el principio descarté ver ningún episodio. Quizás eché algún vistazo, de eso que estás haciendo zapping y dudas entre seguir con la teletienda o apagar la televisión (siempre gana la teletienda), ves que empieza una serie, te das cuenta que esa serie no te gusta y pasas al fascinante mundo de la venta por catálogo. Hasta ahora nunca había sentido curiosidad por la serie, hasta ahora.


Y es que claro, que conozca a la protagonista de Will&Grace hace mucho para que mi interés nazca. Aparte de que Debra Messing me pone bastante más que Maria Pujalte, claro. El caso es que casi cualquier, y digo casi-casi, serie anglosajona (y si es de HBO ya ni te cuento) va a ser siempre superior a una española en mi afecto y atención. Cuestión de presupuesto, de cultura, de cuidar el producto o de lo que quieras, pero mis prejuicios hacia las series españolas es tan profundo que ni me apetece ponerlo en duda. Será por las decenas de veces que he puesto mis esperanzas en que una serie española no fuera un truño y, fatalmente, lo ha terminado siendo.

martes, 7 de octubre de 2014

Cataluña

Después de llegar de línea, tengo un montón de ideas que quiero plasmar antes de que el día a día me las haga olvidar. Hace mucho tiempo que me gustaría exponer mis ideas sobre el bonito melodrama que vivimos, "Independizar en tiempos revueltos" (copyright Luis del Val). Allá vamos.

Una vez desmontado el chiringuito por la parte del "derecho a decidir" (que sólo es aplicable a colonias) y superado el andamio de "lo democrático es votar" (hay montones de paises donde se votan cosas y no son democracias, precisamente), nos queda únicamente el sentimiento de "España nos roba". Así en general. No Pujol, padre o hijos, ni Millet, ni los del tripartito: España. Contra semejante argumento es difícil luchar, es verdad.

Fuera bromas, cada vez que oigo hablar del derecho de los catalanes a decidir su futuro, a poder ir a las urnas para escoger su modelo de relación con el resto de los pueblos anteriormente conocidos como España, me viene una pregunta a la cabeza: ¿yo no tengo ese derecho también? Vamos, lo comento porque yo he vivido en Cataluña, al menos dos años, en Barcelona concretamente, muy cerca del Nou Camp. Compraba en el mercado de Les Corts y desayunaba junto al Corte Inglés de Diagonal. Todo y eso, durante los cinco o séis años anteriores, dormía más veces en un hotel de Barcelona que en mi casa de Madrid por mor de mi trabajo. ¿No me da algo de derecho, yo que sé, cuarto de voto?

Y si yo, que al fin y al cabo soy madrileño y ya se sabe que todos los madrileños odiamos a Cataluña, no tengo ese derecho, ¿lo tiene mi mujer? Vamos, es más que nada por ser nacida en Cataluña, concretamente en Sabadell y, si bien es cierto que se fue cuando era una niña, siempre ha mantenido su catalanidad serena, sin aspavientos pero sin doblarse, durante todos estos años, viviendo en Madrid y ahora en Almería, hasta el punto que nuestro hijo chapurrea el catalán sin problemas... ¿No merece ella al menos medio voto para decidir si para volver a la ciudad donde nació va a necesitar pasaporte?

Bueno, también podría hablar de mi suegra, la Iaya de mi hijo. Catalana hija de catalanes, nacida en Santa Perpétua de Mogoda, que después de 30 años fuera de su tierra sigue manteniendo el mismo acento que cuando se bajó del tren proveniente de una Cataluña industrial y próspera hasta una pequeña ciudad de provincias medio desértica llamada Almería. Tras tantos años fue capaz de mantener el idioma, las costumbres, las raices con su familia de allí, conjugando sin problemas el castellano con su marido (mi suegro, otro que sólo echó un par de docenas de años trabajando en las fábricas textiles), con el catalán con sus hijos y ahora con su nieto. ¿Mi suegra no tiene todo el derecho del mundo a tener voz y voto en esta cuestión?

Será muy democrático el proceso, o eso al menos nos quieren vender, pero no entiendo cómo puede ser democrático quitarme a mí, a mi mujer, a mi suegra, a todos los españoles un derecho, el de opinar qué queremos que suceda con una parte de nuestro país, para darselo en exclusiva a un grupo de ciudadanos que, coyunturalmente, casualmente, viven en un territorio en particular de España. ¿Por qué? Parafraseando a Camus, si la democracia de Mas, Junqueras y el resto de la tropa es quitarle a mi suegra un derecho tan obvio como es opinar sobre la tierra en que nació, entre la Democracia y mi suegra, me quedo con mi suegra.